LENGUA Y LITERATURA. 2º 1ª. PROF. ROMINA BULACIO
Lengua y literatura
2 AÑO
Profesora: Romina Bulacio
Lee el siguiente texto y luego responde las preguntas.
Pobres gentes León Tolstoi
En una choza, Juana, la mujer del pescador, se halla sentada
junto a la ventana, remendando una vela vieja. Afuera aúlla el viento y las
olas rugen, rompiéndose en la costa... La noche es fría y oscura, y el mar está
tempestuoso; pero en la choza de los pescadores el ambiente es templado y
acogedor. El suelo de tierra apisonada está cuidadosamente barrido; la estufa
sigue encendida todavía; y los cacharros relucen, en el vasar. En la cama, tras
de una cortina blanca, duermen cinco niños, arrullados por el bramido del mar
agitado. El marido de Juana ha salido por la mañana, en su barca; y no ha
vuelto todavía. La mujer oye el rugido de las olas y el aullar del viento, y
tiene miedo. Con un ronco sonido, el viejo reloj de madera ha dado las diez,
las once... Juana se sume en reflexiones. Su marido no se preocupa de sí mismo,
sale a pescar con frío y tempestad. Ella trabaja desde la mañana a la noche. ¿Y
cuál es el resultado?, apenas les llega para comer. Los niños no tienen qué
ponerse en los pies: tanto en invierno como en verano, corren descalzos; no les
alcanza para comer pan de trigo; y aún tienen que dar gracias a Dios de que no
les falte el de centeno. La base de su alimentación es el pescado.
"Gracias a Dios, los niños están sanos. No puedo quejarme", piensa
Juana; y vuelve a prestar atención a la tempestad. "¿Dónde estará ahora?
¡Dios mío! Protégelo y ten piedad de él", dice, persignándose. Aún es
temprano para acostarse. Juana se pone en pie; se echa un grueso pañuelo por la
cabeza, enciende una linterna y sale; quiere ver si ha amainado el mar, si se
despeja el cielo, si hay luz en el faro y si aparece la barca de su marido.
Pero no se ve nada. El viento le arranca el pañuelo y lanza un objeto contra la
puerta de la choza de al lado; Juana recuerda que la víspera había querido
visitar a la vecina enferma. "No tiene quien la cuide", piensa,
mientras llama a la puerta. Escucha... Nadie contesta. "A lo mejor le ha
pasado algo", piensa Juana; y empuja la puerta, que se abre de par en par.
Juana entra. En la choza reinan el frío y la humedad. Juana alza la linterna
para ver dónde está la enferma. Lo primero que aparece ante su vista es la
cama, que está frente a la puerta. La vecina yace boca arriba, con la
inmovilidad de los muertos. Juana acerca la linterna. Sí, es ella. Tiene la
cabeza echada hacia atrás; su rostro lívido muestra la inmovilidad de la
muerte. Su pálida mano, sin vida, como si la hubiese extendido para buscar
algo, se ha resbalado del colchón de paja, y cuelga en el vacío. Un poco más
lejos, al lado de la difunta, dos niños, de caras regordetas y rubios cabellos
rizados, duermen en una camita acurrucados y cubiertos con un vestido viejo. Se
ve que la madre, al morir, les ha envuelto las piernecitas en su mantón y les
ha echado por encima su vestido. La respiración de los niños es tranquila,
uniforme; duermen con un sueño dulce y profundo. Juana coge la cuna con los
niños; y, cubriéndolos con su mantón, se los lleva a su casa. El corazón le
late con violencia; ni ella misma sabe por qué hace esto; lo único que le
consta es que no puede proceder de otra manera. Una vez en su choza, instala a
los niños dormidos en la cama, junto a los suyos; y echa la cortina. Está
pálida e inquieta. Es como si le remordiera la conciencia. "¿Qué me dirá?
Como si le dieran pocos desvelos nuestros cinco niños... ¿Es él? No, no...
¿Para qué los habré cogido? Me pegará. Me lo tengo merecido... Ahí viene...
¡No! Menos mal..." La puerta chirría, como si alguien entrase. Juana se
estremece y se pone en pie. "No. No es nadie. ¡Señor! ¿Por qué habré hecho
eso? ¿Cómo lo voy a mirar a la cara ahora?" Y Juana permanece largo rato
sentada junto a la cama, sumida en reflexiones. La lluvia ha cesado; el cielo
se ha despejado; pero el viento sigue azotando y el mar ruge, lo mismo que
antes. De pronto, la puerta se abre de par en par. Irrumpe en la choza una
ráfaga de frío aire marino; y un hombre, alto y moreno, entra, arrastrando tras
de sí unas redes rotas, empapadas de agua. -¡Ya estoy aquí, Juana! -exclama.
-¡Ah! ¿Eres tú? -replica la mujer; y se interrumpe, sin atreverse a levantar la
vista. -¡Vaya nochecita! -Es verdad. ¡Qué tiempo tan espantoso! ¿Qué tal se te
ha dado la pesca? -Es horrible, no he pescado nada. Lo único que he sacado en
limpio ha sido destrozar las redes. Esto es horrible, horrible... No puedes
imaginarte el tiempo que ha hecho. No recuerdo una noche igual en toda mi vida.
No hablemos de pescar; doy gracias a Dios por haber podido volver a casa. Y tú,
¿qué has hecho sin mí? Después de decir esto, el pescador arrastra la redes
tras de sí por la habitación; y se sienta junto a la estufa. -¿Yo? -exclama
Juana, palideciendo-. Pues nada de particular. Ha hecho un viento tan fuerte
que me daba miedo. Estaba preocupada por ti. -Sí, sí -masculla el hombre-. Hace
un tiempo de mil demonios, pero... ¿qué podemos hacer? Ambos guardan silencio.
-¿Sabes que nuestra vecina Simona ha muerto? -¿Qué me dices? -No sé cuándo; me
figuro que ayer. Su muerte ha debido ser triste. Seguramente se le desgarraba
el corazón al ver a sus hijos. Tiene dos niños muy pequeños... Uno ni siquiera
sabe hablar y el otro empieza a andar a gatas... Juana calla. El pescador
frunce el ceño; su rostro adquiere una expresión seria y preocupada. -¡Vaya
situación! -exclama, rascándose la nuca-. Pero, ¡qué le hemos de hacer! No
tenemos más remedio que traerlos aquí. Porque si no, ¿qué van a hacer solos con
la difunta? Ya saldremos adelante como sea. Anda, corre a traerlos. Juana no se
mueve. -¿Qué te pasa? ¿No quieres? ¿Qué te pasa, Juana? -Están aquí ya -replica
la mujer descorriendo la cortina. FIN
Actividades para
“pobres gentes” de León Tolstoi
1. ¿Qué tipo de narrador presenta el cuento? Copia un
ejemplo del texto.
2. ¿Por qué el relato se titula “Pobres gentes”?
3. Caracteriza a
Juana a partir de sus acciones, su personalidad.
4. ¿A qué conflicto
se enfrenta la mujer, a qué le teme? Explica brevemente.
5. Describí las actitudes del marido de Juana en el relato.
¿Contrastan con la presunción y el miedo de ella?
6. ¿Por qué dice Juana que no puede quejarse? ¿Qué
valoración hace de su situación?
7. Busquen en el texto expresiones referidas a actitudes de
seres animados que el narrador emplea para caracterizar el lugar en plena
tormenta. Por ejemplo, aúlla el viento. Reescriban esas frases con otras
palabras.
8. En orden cronológico, indica los núcleos narrativos del
relato (Es decir las acciones más importantes de la historia) y escríbelos en
tu carpeta.
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Para
recordad los tipos de narradores.
Narrar
es contar. El narrador es quien cuenta la historia. Pero, ¿quién es...?
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El narrador es
un personaje creado por el autor que tiene la misión de contar la
historia. Hay diferentes tipos de narrador según la información de
que dispone para contar la historia y del punto de vista que
adopta.
Tipos
de narrador:
OMNISCIENTTE (que todo lo sabe). El narrador omnisciente es aquel cuyo conocimiento de los hechos es total y absoluto. Sabe lo que piensan y sienten los personajes: sus sentimientos, sensaciones, intenciones, planes…
PROTAGONISTA. El narrador es también el
protagonista de la historia (autobiografía real o ficticia).
TESTIGO El narrador es un testigo que
ha asistido al desarrollo de los hechos. Crea el efecto de estar contándose
la historia a sí mismo o a un yo desdoblado.
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MIRA
ESTE EJEMPLO
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3ª
Persona: Narrador omnisciente
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La
mañana del 4 de octubre, Gregorio Olías se levantó más temprano de lo
habitual. Había pasado una noche confusa, y hacia el amanecer creyó soñar que
un mensajero con antorcha se asomaba a la puerta para anunciarle que el día
de la desgracia había llegado al fin.
Luis Landero, Juegos de
la edad tardía
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