2º2º METODOLOGIA DE LA INVESTIGACION- PROF:PACHECO,PABLO
PROYECTO
DE CONTINGENCIA PEDAGÓGICA
DEPARTAMENTO
DE CIENCIAS SOCIALES
MATERIA:
METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN
CENS
453 - SUÁREZ
CURSO:
2DO
DOCENTE:
PACHECO, PABLO JAVIER
MAIL:
pablopacheco.pjp@gmail.com
SAN
MARTÍN
AÑO:
2020
MARCO
TEÓRICO
¿En
qué consiste eso que llamamos realidad? ¿Podríamos acordar no ya
una definición sino, al menos, una descripción de la realidad? Sin
duda, no hay una sola forma de percibirla, ni tampoco una realidad
única y objetiva. Para algunos, la realidad no es siquiera algo que
exista previamente a nuestra mirada, sino algo que se construye,
entre muchos, en sociedad. Por eso, el tema resulta inquietante.
Al
mismo tiempo que pensamos en las formas en que se construye eso que
llamamos realidad, también podríamos preguntarnos por los modos
posibles de conocerla: ¿elaborando hipótesis o conjeturas sobre los
acontecimientos?, ¿fundándonos en nuestras creencias?, ¿apelando a
las creencias de otros?, ¿adivinando?, ¿resolviendo los acertijos
que nos presenta el mundo como si se tratara de enigmas? No hay una
respuesta única. No podría haberla. Y seguramente hemos dejado en
el camino otras preguntas que podríamos seguir sumando. La
filosofía, la sociología, la historia, el cine, la literatura, etc,
también han realizado esas preguntas, y cada una a su modo ha ido
dando sus respuestas.
Vamos
a partir de un relato inventado por Platón, la alegoría de la
caverna, y vamos a terminar en el cine, con Matrix. Durante el
recorrido, iremos revisando cómo diferentes pensadores y creadores
fueron concibiendo afirmaciones, teorías, relatos, filmes,
postulaciones, sobre eso que llamamos realidad y sobre las formas
posibles de acceder al conocimiento.
Y
seguramente tan inquietante como preguntárselo será el recorrido
mismo.
INTRODUCCIÓN
La
pregunta por el saber, por la búsqueda de conocimientos, la
reflexión sobre el modo en que comprendemos las cosas, acompañó,
desde sus orígenes, a la filosofía. Preguntas que los filósofos de
la Antigua Grecia se formularon; y entre ellos, Platón. Muchos de
los textos que escribieron nos permiten ingresar en esa historia del
pensamiento, en la historia de las ideas.
La
mayoría de los textos de Platón están escritos en forma de diálogo
entre dos personajes. Uno de los personajes que aparece siempre es
Sócrates, en cuyas intervenciones, preguntas y exposiciones Platón
va desarrollando sus ideas.
Lean,
entonces, este texto, y luego, resuelvan las actividades propuestas.
EL
MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN
(514a)
– Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza
respecto de su educación y de su falta de educación con una
experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada
subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en
toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las
piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y
mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en
derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un
fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros
hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique
construido de lado a lado, como
el biombo que los titiriteros levantan delante del público para
mostrar, por encima del biombo, los muñecos. – Me lo imagino. –
Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que
llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros
animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los
que pasan unos hablan y otros callan. – Extraña comparación
haces, y extraños son esos prisioneros. – Pero son como nosotros.
Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de
los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la
parte de la caverna que tienen frente a sí? – Claro que no, si
toda su vida están forzados a no mover las cabezas. – ¿Y no
sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro
lado del tabique? – Indudablemente. – Pues entonces, si
dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando
a los objetos que pasan y que ellos ven? – Necesariamente. – Y si
la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí,
y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no
piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa
delante de ellos? – ¡Por Zeus que sí! – ¿Y que los prisioneros
no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos
artificiales transportados? – Es de toda necesidad. – Examina
ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de
su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que
uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver
el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera
y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas
cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que
respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran
fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real,
vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le
mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique
y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas
que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que
antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? –
Mucho más verdaderas. – Y si se le forzara a mirar hacia la luz
misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar
que éstas son realmente más claras que las que se le muestran? –
Así es. – Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y
empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol,
¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras
llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le
impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los
verdaderos? – Por cierto, al menos inmediatamente. – Necesitaría
acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En
primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las
figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua,
luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría
de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de
los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y
la luz del sol. – Sin duda. – Finalmente, pienso, podría
percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que
le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su
propio ámbito. – Necesariamente. – Después de lo cual
concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las
estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y
que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto. –
Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales
conclusiones. – Y si se acordara de su primera morada, del tipo de
sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de
cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los
compadecería? – Por cierto. – Respecto de los honores y elogios
que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que
con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban
detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles
habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para
aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te
parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más
honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría
como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera
siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que
volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida? – Así creo
también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella
vida. – Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su
propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas,
al llegar repentinamente del sol? – Sin duda. – Y si tuviera que
discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con
aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera
confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se
acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo
y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se
había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena
intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y
conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en
sus manos y matarlo? – Seguramente. – Pues bien, querido Glaucón,
debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha
sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la
vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella
con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y
contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el
ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy
esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es
realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que
dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea
del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de
todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha
engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito
inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar
con sabiduría tanto en lo privado como en lo público. – Comparto
tu pensamiento, en la medida que me es posible.